googlef87c5bb6a5dde55a.html content='pX8WnVSvXsrSCE6ThXyzIIPFKBjDfIQaaLIdDsNIBzY=' ADNpressOnline: "El día después de la muerte de Fidel Castro"

viernes, 2 de diciembre de 2016

"El día después de la muerte de Fidel Castro"



Las relaciones con Cuba en la nueva era Trump después del fallecimiento de Castro es una incógnita a futuro por la normalización de las relaciones entre EE.UU y Cuba en oposición con las tratativas de acercamiento que gestó Obama en su última visita en septiembre a la isla.
El relato histórico se sustenta en documentos desclasificados contenidos en el libro "Back Channel to Cuba "(El canal oculto hacia Cuba), de los investigadores William M. Leogrande y Peter Kornbluh, que narra las negociaciones y contactos secretos entre Washington y La Habana desde la revolución de 1959.
El libro se presentó en el Hotel Pierre de Nueva York, escenario de uno de los muchos encuentros nunca contados entre representantes de ambos países. Cuenta el libro que Kissinger en una reunión del 24 de marzo de 1976 con los principales asesores de seguridad, entre ellos el secretario de Defensa Donald Rumsfeld comentó: “Si decidimos atacar, no podemos fallar".


Kissinger se refería a otras acciones encubiertas promovidas por EE UU para derrocar a Castro, como en Bahía Cochinos en 1961 dijo Kissinger al presidente Ford en un encuentro en la Casa Blanca el 25 de febrero de ése mismo año, según el memorando de la reunión. “Pero no podemos hacerlo antes de las elecciones [presi-denciales de 1976]”, añadió. “Estoy de acuerdo”, respondió Ford.
Atacar Cuba era la opción de presión si no lograban hacer desistir a Castro de intervenir en otros países africanos trás su implicacia para ayudar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola de Antonio Agostinho Neto frente a los ataques de grupos insurgentes apoyados por Estados Unidos y el régimen racista de Sudáfrica. Kissinger, que fue secretario de Estado de 1973 a 1977 y ahora tiene 91 años, planteó el ataque para evitar que Washington diera una imagen de debilidad por sus debates internos ante la retirada fallida de la guerra de Vietnam.
La posibilidad de que un ataque a Cuba provocara un conflicto armado con Rusia también fue tenida en cuenta y “Las circunstancias que podrían llevar a Estados Unidos a una operación militar contra Cuba deben ser suficientemente graves como para justificar posteriores medidas de preparación para una guerra general”. Ante ésta situación política anterior, hoy el contexto social y económico es distinto, Rusia no está y la economía estadounidense está pasando por una crisis contextual.
El republicano Donald Trump es el responsable en más de continuar o interrumpir el diálogo abierto con La Habana, por su predecesor demócrata Barack Obama desde hace casi dos años y los cubanos no saben qué esperar de la Administración Trump, lo que él diga cuándo esté en la Casa Blanca y en la era post-Obama.
Para el politólogo cubano en Estados Unidos, Arturo López-Levy la muerte de Fidel tiene una lectura sobre todo interna para Cuba, puesto que “indica el fin de una era en la historia” de la isla para comenzar una nueva de cambio.
De tener que impactar en las relaciones con Washington, debería hacerlo de forma positiva, puesto que su muerte ratifica aún más que se está viviendo un nuevo tiempo y que la política norteamericana debe ser distinta de la que fue en los últimos 50 años, debiéndose hacer todo lo que podamos para eliminar las barreras externas y ayudar a los cubanos a integrarse totalmente en la comunidad global.


La duda está en que si Donald Trump para quién Cuba “no es una prioridad” sea “receptivo” a la idea de revertir el acercamiento para volver a una política “anacrónica” que demostró su ineficacia durante más de medio siglo.
La casualidad a puesto de lado que la muerte de Fidel Castro sorprendiera al presidente Trump en su mansión de recreo de Mar-a-Lago, en Florida. Éste Estado es el tradicional bastión cubano en EE UU de antaño claramente anticastrista, pero sobre todo en los últimos años había dado un giro de apoyo a la política conciliadora de Obama.


La duda subsiste si el magnate pragmático republicano al que se ha acusado de violar en el pasado el "embargo cubano" en su intento de hacer negocios lucrativos en la isla, hoy persiste en continuarlo. Parece confirmarse las promesas de inclusión en su equipo de figuras prominentes del lobby pro-embargo como Mauricio Clever-Carone, abogado y miembro de la influyente organización Democracia Cuba-EE UU, que trabaja reclamando una “transición incondicional de Cuba a la democracia y al libre mercado”. Trump ha decidido incluirlo en el equipo que perfilará el futuro del Departamento del Tesoro, una pieza clave en la aplicación —o flexibilización— del embargo contra Cuba.


Pese a que las principales restricciones siguen vigentes, cada vez es más fácil comerciar y viajar a Cuba para los estadounidenses y los medios de la isla celebraban el restablecimiento de más de medio siglo, de los vuelos comerciales regulares y directos entre EE UU y La Habana.
Las reformas iniciadas con Raúl Castro al poder en Cuba aunque no son del ritmo deseado por Washington, como ha reconocido el propio Obama pero es un cambio en la actitud de la Casa Blanca que podría tener un sentido favorable futuro.

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A pesar de las previsibles ausencias de Macri y de Michel Temer, dos ultraderechistas, neoliberales, también es que tampoco fue Bachelet, de su segundo mandato, en tratar de apoyar que funcione mejor un sistema socialista.


Aún mayor es el problema del Triángulo de las Bermudas bolivariano -Maduro/Correa/Evo-, donde la falla al parecer está en que desaparecen las democracias, al presentarse en la Plaza de la Revolución para explicar sus dramas a cuestas. Como veremos, Correa y Evo están en retroceso no tanto como Maduro, que aprovecha cada viaje para llenar la bodega del avión con productos de máxima necesidad que preocupan en Venezuela ya que no se consigue: papel higiénico ni jabón.


De jóven Maduro todavía no había madurado y fue alumno en Cuba de la escuela de cuadros del Partido Comunista. Para él fue un año inolvidable, porque no aprendió nada de los buenos regímenes comunistas, como el de los Castro que persiguían a los opositores hasta hacerlos callar, exiliar, morir o desaparecer. En cambio, en Venezuela a Maduro la oposición lo persigue a él: le ganó el Congreso, le copó las calles y lo está tratando de destituir.
Cuándo llegó a La Habana para participar de las exequias de Fidel, Raúl Castro le preguntó cómo estaba evolucionando su crisis interna. "Mal -se sinceró-". Como sabés, no tenemos comida ni remedios, faltan insumos básicos, tuvimos que recurrir a cortes de luz cada vez más amplios, el Estado está quebrado, aumenta la deuda, la inflación es astronómica, millones de personas viven en la pobreza y lo peor, el pajarito de Chávez ya no me habla. Pero no vine a despedir al Comanda-ante con malas noticias. No hemos perdido la dignidad y todavía nos queda el discurso."  Raúl escuchó y no le respondió.


Lejos todavía de ésa catástrofe, tampoco son buenos tiempos para Correa, donde la prosperidad y las altas tasas de crecimiento que tuvo Ecuador durante los años atados al precio del petróleo a 120 dólares por barril, que representa el 50% de sus exportaciones, cualquiera se anima abrazar al populismo social.
Pero desde el derrumbe a 40 o 49 dólares, las cuentas no cierran en redondo dado que el PBI lleva dos años achicándose, y el FMI le ha pronosticado que no volverá a repuntar hasta 2020. Correa contestó irónicamente que son "astrólogos y no economistas", pero tuvo que ponerse serio cuándo el Indec ecuatoriano informó que en el último año se perdieron 340.000 empleos formales, y éso no le causó ninguna "gracia", como una pésima señal, pero eso sí, amonestó a los técnicos estadísticos diciendo que estaban midiendo mal.
Del modelo kirchnerista/bolivariano ya han seguido al polifacético Moreno con cuatro recetas: déficit creciente, endeudamiento a tasas altísimas (Ecuador coloca hoy sus bonos al 11%; y sus vecinos Perú y Colombia, al 3%, persiguen a la oposición y la prensa, por grandes escándalos de corrupción que involucran a funcionarios muy cercanos al presidente, tanto que uno de ellos había escondido 300.000 dólares no declarados en el cielo raso de su casa. Insólito, teniendo tantas iglesias y conventos.
Antes de que muriera Fidel, Correa le tributó un postrer homenaje, en febrero 2017 habrá elecciones y el candidato del oficialismo se llama Lenin Moreno.


A Evo Morales también le embargó la tristeza cuándo llegó a Cuba contrariado, no sólo por la muerte del viejo líder, sino porque es otra víctima del derrumbe del petróleo crudo, que arrastró al gas, principal producto de exportación del país (más del 50%). Con ingresos que cayeron en más de 3000 millones de dólares, le está costando sostener su revolución indigenista.
En los tiempos de bonanza pagó doble aguinaldo, pero éste año se disculpó: dijo que la plata no le alcanza. Evo alterna sinsabores con ajustes económicos y políticos y por tal su popularidad está en baja, también acosado por casos de corrupción que lo tienen como principal protagonista, y en febrero perdió el referéndum que le abría las puertas a una nueva reelección en 2019. Pero Evo para los bolivianos es Evo, y también es Kirchner, Chávez, Maduro y Correa: atribuyó a una "conspiración de los medios", que llama "el cartel de la mentira". por los diarios que mienten, acusación que suena como copiado del populismo argentino.
Mientras, la oposición trata de sobrevivir a sus principales candidatos que sufren un acoso judicial poco visto: cada uno de ellos acumula entre 20 y 30 juicios promovidos por el gobierno. "Hasta la victoria, siempre" -proclamó Evo en La Habana-.¡ Siempre que no haya opositores !!."


Cristina no pudo ser de la partida para asistir al justificar que el "perseguidor" juez Bonadio la entretuvo en Buenos Aires para dejar sus huellas digitales, pero sí fue a dejar sus condolencias a la embajada cubana en la capital, donde declaró afirmativamente que con Fidel se había ido "el último líder moderno". En la embajada estaban felices pero también se miraron sorprendidos: lo de "moderno" francamente no lo esperaban y sonó como, "Nunca le hubiésemos pedido tanto", dijeron.

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